Esta es la voz de un campesino pobre, sin tierra

Estos son unos versos que mi papá escribió en abril de 1973 durante una breve estadía en Buenos Aires, Argentina. El asunto que trata sigue vigente y demuestra lo que les decía antes…lo buenos que somos para acumular problemas y lo difícil que nos resulta enfrentarlos y darles una solución. 

Por René Castañeda Paz
Esta voz es la de un campesino
de un campesino pobre, sin tierra,
porque no es tierra esta corta parcela
que agotada y sedienta se extingue
Es preciso que se oiga esta voz
con su altivo acento metálico
con su ronca y airada protesta
frente al nuevo engaño que asoma.
Nos dijeron que fuéramos humildes
que el cielo es de los buenos y santos
que al hombre frugal lo alimenta
la sencillez de la vida campestre
Pero es triste mirar que los nuestros
con trabajo tan duro y tan recio
la insolencia y el lujo sustenten
de una clase repleta y ahita
La tierra es de ellos, el trabajo nuestro
para nosotros cansancio y fatiga
para ellos placeres y hastío.
La Alianza primero habló de reformas.
El Grande y los chicos volvieron a hablar
en Punta del Este, después reunidos.
El hambre se viene. Debe hacerse algo.
Se precisa un programa de acción.
Pronto lo tuvieron: era muy simple:
la técnica es la base del cambio,
revolución verde, eslogan propicio.
Fertilizantes, semillas, tractores,
modernicemos el agro de prisa.
Pero se olvidaron de algo muy serio
mi parcela es pequeña y más lo será
cuando muera y mis hijos la partan.
¿Qué ciencia o técnica podemos usar,
si ahora vamos a campos ajenos
por el salario que ayuda a vivir?
Semillas, tractores, para los ricos,
Técnicas nuevas y muchos productos.
¿Para nosotros qué? Menos trabajo
en campos ajenos; precios más bajos
si no más pobreza, al menos la misma.
No es que estemos contra la ciencia,
no somos tan torpes. Nos gusta el tractor
más que el arado halado por bueyes
Queremos reforma. Dennos más tierra,
de esa que tienen los ricos y no usan
y no de aquellas lejanas colonias
las que construyen a costos tan altos,
para mantener las grandes haciendas
con tierras de sobre que están sin usar
Entonces sí, al llegar la reforma
que vengan la ciencia y la técnica
a construir el hogar del futuro
en donde todos seamos hermanos
Compartiendo trabajo y riqueza. 

La crítica no debe castigarse con el ostracismo

Vivimos tiempos difíciles en Guatemala. En realidad pareciera que siempre estamos en crisis, solo entramos a períodos de una calma aparente que esconde en realidad toda esa porquería que acumulamos a lo largo de muchos años y que nos impide avanzar. Mi papá diría que este es un país inviable. Somos buenos para sumar problemas no para resolverlos.

Hace más de treinta años, siendo una novata reportera, produje varios reportajes sobre la desnutrición en Guatemala. Me impactó lo que el Representante de UNICEF de ese entonces nos dijo a varios periodistas que participábamos en un taller en El Salvador. Dijo: “en Guatemala están produciendo tarados”.  Fue terrible escucharlo pero más terrible comprobar que era cierto, más de la mitad de nuestros niños y niñas padecen algún grado de desnutrición y por esa razón no desarrollan todas sus capacidades cognitivas e intelectuales. Comienzan la carrera de la vida con enormes desventajas.

Y como esta inadmisible realidad tenemos otras: más de tres millones de niños y niñas fuera del sistema escolar; familias que acuden a su precario bolsillo para pagar salud y medicamentos porque no tienen acceso a un servicio público de calidad; falta de empleo digno y de oportunidades; pobreza y una terrible inequidad; discriminación, racismo, hambre, violencia y desesperación que expulsa a cientos, a miles, de su tierra, de su país.

Mientras tanto, grupos de poder -grandes empresarios, militares, políticos, mafias- capturaron al Estado y lo convirtieron en su botín. Tomaron las instituciones y las pusieron a funcionar en beneficio propio, para salvaguardar sus intereses y privilegios. Tener control sobre las instituciones les ha permitido  hacer jugosos negocios, acrecentar fortunas, contar con leyes hechas a su medida, asegurar una justicia blanda que pase por alto sus infamias, comprar presidentes y gabinetes, asegurar que las cosas  funcionen como les conviene.

Muchos queremos que Guatemala cambie, que por fin de muestras que las cosas se pueden hacer bien y en beneficio de la mayoría… pero siempre es lo mismo. Esos grupos de poder no están dispuestos a ceder un ápice, no les interesa los cambios ni los quieren. Al contrario, mejor si todo sigue igual. Y es que lo que han conseguido es en buena parte resultado de ilegalidades, de fraudes, de sobornos, de robos a gran escala, de traiciones. Saben que tendrían que pagar un alto precio por sus delitos y atropellos y no están dispuestos a hacerlo. Por eso se han empeñado en hacer todo lo que esté a su alcance para librarse de CICIG, un ente investigador que si bien no ha estado exento de errores ha desempeñado un papel crucial para acabar con la corrupción y la impunidad.

Confieso que me preocupa que en esa lucha por acabar con la corrupción y los corruptos, no nos importe que puedan cometerse errores o abusos o incluso injusticias. Como decía Martin Luther King “la injusticia, allí donde se halle, es una amenaza a la justicia en su conjunto”.

Las críticas no deben castigarse con el ostracismo y la descalificación. Entiendo los riesgos. Se que cualquier cuestionamiento va a ser utilizado por esos grupos de poder tan empeñados en desacreditar a la CICIG pero eso no significa que guarde silencio y me haga de la vista gorda. Porque como decía alguien en una columna “para quienes no vestimos purismos ni nos rasgamos las vestiduras, no es un tema maniqueo de buenos y malos, sino de responsabilidad y decencia humana”.

Y yo me precio de ser decente. Heredé de mis padres un alto sentido de la dignidad. Amo este país con todo mi ser. Me duele ver como esos que lo han saqueado y han desangrado sin importarles el sufrimiento de su gente, pretenden seguir sacándole provecho y salir airosos, impunes. No debemos permitirlo, eso está claro, pero tampoco podemos aceptar  “daños colaterales”.

Claro que hablo desde el dolor íntimo y personal que me provocó ver cómo atropellaban la dignidad de un hombre honrado y bueno que lo que tiene es fruto de su esfuerzo y su trabajo tesonero. Leer las imputaciones que le hacen y estudiar las pruebas que las sustentan -llenas de falacias e inconsistencias- por supuesto que me da bronca, porque pienso que tratándose de la vida de las personas, de su libertad y su reputación, el trabajo no solo debería estar bien hecho sino con los más altos estándares de excelencia, y no es así.

Ocho meses después

Ocho meses de doloroso aprendizaje. La vida y las personas no dejan de sorprenderme. Los amigos siguen ahí, no nos abandonaron. Creen en Juan Alberto, conocen su trayectoria personal y profesional, saben de su honorabilidad, lo respetan y sobre todo le tienen cariño. Como nosotros, confían que todo se va a aclarar. La familia por supuesto ha estado acompañándonos en todo este proceso y eso ha sido fundamental.

Quienes nos dieron la espalda -por puro oportunismo político- fueron esas y esos que decían ser amigos pero que en realidad no lo eran, nunca lo fueron.  Sufrí mucho, dolió el golpe, lastimó ver tan poca solidaridad y empatía, especialmente porque venía justamente de la organización que Juan Alberto y yo ayudamos a fundar. Pero que se le va a hacer. Es gente mezquina y chiquita que afortunadamente ya están fuera de nuestras vidas.

Tenemos los seres humanos una enorme capacidad de resiliencia que nos ayuda a superar lo inimaginable. Recuerdo cuando hace ya varios años viajé por Centroamérica para producir un documental sobre el niño y la guerra. Me encontré con niños y niñas que habían visto morir a sus padres, que habían sido testigos de la brutalidad y la barbarie, muchos mutilados por las minas, absolutamente solos, sin presente y sin futuro. Pero el padre Martín Baró de la UCA me dijo en una entrevista “los niños tienen una enorme capacidad de superar las peores y más traumáticas situaciones, solo necesitan cariño, apoyo y acompañamiento”.  Cuanta gente -jóvenes voluntarios, familiares, médicos, enfermeras, mujeres- que le tendió la mano a estos niños. Impresionante.

A nadie le importa la verdad.

Unos y otros usan el caso del Transurbano/Sistema Prepago para ilustrar su tesis. Justicia selectiva dicen unos. Aseguran que Juan Alberto está fuera “disfrutando de libertad” porque hubo un trato preferencial, a pesar de que se trata de un “robo” millonario de 270 millones de quetzales. Otros afirman que no es así y dicen que prueba de que no hay justicia selectiva  es que fueron capturados y llevados a la justicia,  sin importar si son de derecha o izquierda.

En la audiencia de primera declaración el propio fiscal Juan Francisco Sandoval dijo Debe quedar claro que en las imputaciones realizadas por la fiscalía, en ningún momento se ha hablado de que la actuación se dio debido a que obtuvieron algún beneficio económico ilícito…”. En otro palabras, no hubo apropiación de los recursos del Estado, no hubo robo.

Se le otorgó la medida sustitutiva no porque fuera una concesión sino porque cumplía con todos los requisitos que la ley exige: durante más de un año notificó a la FECI todos sus viajes, incluidas las agendas y los itinerarios; declaró en dos oportunidades en la fiscalía contra la corrupción primero y en la FECI luego; también lo hizo en CICIG. Su trayectoria impecable evidenciaba que no había peligro de obstaculización de la investigación ni peligro de fuga.

Sin duda es lamentable lo que estamos viviendo pero no podemos más que confiar que privará la verdad. Fácil es decirlo…difícil creer que las cosas se hagan bien en este país y que la justicia sea en verdad independiente.

La razón de que la independencia judicial tenga tanta importancia pública se debe a que una sociedad libre solo existe en la medida en que está regida por el principio de la legalidad… el principio que obliga a gobernantes y gobernados, administrados imparcialmente, y que concede un trato igualitario a todos quienes procuran reparaciones o contra quienes tales reparaciones se procuran. Por muy vagamente que se la perciba y por muy confuso que sea el pensamiento, en los corazones de todos los hombres y mujeres existe una aspiración de legalidad. El cumplimiento de esta aspiración depende de que los jueces apliquen la ley de manera competente e imparcial. Con el fin de cumplir esta responsabilidad, es fundamental que los jueces sean independientes y se les vea como tales. Nos hemos acostumbrado a la noción de que la independencia judicial incluye la independencia respecto de los dictados del poder ejecutivo… Pero las decisiones modernas son tan variadas e importantes que debe propiciarse la independencia respecto de toda influencia que pueda tender, o que razonablemente pueda pensarse que tienda, a una falta de imparcialidad en la adopción de decisiones. La independencia respecto del poder ejecutivo es básica para este concepto, pero ha dejado de ser la única independencia que importa. (Sir Gerard Brennan, Chief Justice of Australia, “Judicial Independence”, The Australian Judicial Conference, Canberra, 2 de noviembre de 1996, disponible en http://www.hcourt.gov.au.)

Uno se muerde los labios cuando lee y escucha comentarios maliciosos que solo buscan hacer daño. Y frente a esas voces uno solo piensa que ojalá se pueda confiar en la independencia de los tribunales, en la integridad de los jueces y en la imparcialidad y eficiencia de sus procedimientos. Porque un juez debe actuar sin tener en cuenta el aplauso o la crítica del público.

 

 

En espera de una decisión

Han pasado más de cuatro semanas desde que Juan Alberto salió de Mariscal Zavala. Celebro que esté en casa y que pueda seguir su defensa en libertad, aunque reconozco que la incertidumbre pesa mucho. Estamos esperando qué la sala que conocerá la apelación del MP y Cicig tomé una decisión sobre su destino. Yo confío que mantengan la medida sustitutiva. Después de todo él cumple con todos los requisitos. Con su conducta demostró su buena voluntad y disposición a colaborar con la investigación: el año pasado declaró en dos oportunidades ante el MP y también en CICIG, ofreció toda la información con que contaba, y reportó todos sus viajes a la fiscalía, por supuesto no representa un peligro para la sociedad y tampoco tiene antecedentes penales.

El artículo 264 del código procesal penal establece que solo en el caso de reincidentes o delincuentes habituales, o quienes han cometido delitos de homicidio doloso, asesinato, parricidio, violación agravada, violación calificada, violación de menor de doce años de edad, plagio o secuestro en todas sus formas, sabotaje, robo agravado y hurto agravado, o los contemplados en la ley contra la Narcoactividad no podrá concederse ninguna de las medidas sustitutivas.

Lo cierto que aquí pesa la política de mano dura. Todo se resuelve enviando a prisión a las personas detenidas y ligadas a proceso judicial.

Desde ese viernes 2 de marzo no dejo de pensar en quienes permanecen en prisión preventiva y nunca fueron favorecidos con una medida sustitutiva. No quiero olvidarlos. Angélica es una mujer muy valiente e increíblemente generosa. Ha acompañado a Julio desde el primer día con gran entereza y un amor a toda prueba. Los días de visita llega desde muy temprano y se queda allí todo el día, acompañándolo. Leen, conversan, comen juntos, reciben visitas, comparten tiempo, silencios, anhelos, temores, dudas…todo al final.  Van a cumplirse tres años desde que fue capturado y enviado a prisión.

“El sistema penitenciario guatemalteco se caracteriza principalmente por:
1. el hacinamiento (22.464 personas detenidas en centros con capacidad para 6.320), 
2. el uso excesivo de la prisión preventiva (50% del total de la población penitenciaria), y
3. el retraso de la justicia”
Informe de país 2017 Comisión Interamericana de Derechos Humanos

He llegado a verlos en dos oportunidades y me gustaría seguir haciéndolo. Con Angélica soñamos en el día en que podamos encontrarnos los cuatro para celebrar la amistad y la libertad. ¡Qué amigos! A ambos les agradezco infinitamente su solidaridad y apoyo. Juan Alberto se sintió reconfortado teniendo una mano amiga, le hizo menos difícil su ingreso a Mariscal Zavala.

El doctor Jesús Oliva (chusito) está en prisión preventiva por el mismo caso que Julio (IGSS-PISA). Era miembro de la Junta Directiva en representación de la Universidad de San Carlos. No solo perdió su libertad sino también su fuente de ingresos (la clínica y el trabajo como decano de la Facultad de Medicina). Él y su esposa obtuvieron un permiso para vender tacos, quesadillas, granizadas y otras cosas más, muy sabrosas por cierto. De esto viven ahora.  Veo su dolor y su angustia. Está quebrado, pero se esfuerza por mantener el buen ánimo y la esperanza. Difícil, considerando que el proceso en su contra ha tomado mucho tiempo, casi tres años.

“Las personas en prisión preventiva sufren grandes tensiones personales como resultado de la pérdida de ingresos, y de la separación forzada de su familia y comunidad; y padecen el impacto psicológico y emocional del hecho mismo de estar privados de libertad sin haber sido condenados…Además se encuentran en una situación de desventaja procesal frente a aquellas personas que afrontan un proceso penal estando en libertad”. Comisión Interamericana de Derechos Humanos

Mi respeto y mi solidaridad para ellos.