Crónica de una infamia

Hoy, 13 de febrero, se cumplen dos años del arresto, de la humillación innecesaria, de la infamia. Veinticuatro largos meses de vivir en una total incertidumbre. Algunos reclaman que estuvo muy pocos días en prisión. Por favor.

Recurrir a la prisión preventiva como regla general y no de manera excepcional es preocupante. Conocí a muchas personas durante mis visitas al Mariscal Zavala. Una de ellas fue el doctor Oliva, un hombre sencillo y terriblemente angustiado. Hablamos con él y era notoria su agonía. Más de tres años privado de libertad. No entiendo bien con que objeto y si todo eso se trataba de un genuino deseo de averiguar la verdad e impartir justicia. Solo se que nadie, que cumpla con los requisitos para enfrentar la justicia fuera de prisión, merece pasar por esto.

Esos 17 días que estuvo en prisión preventiva pueden resultar pocos, sobre todo si se comparan con otros casos. Lo cierto es nadie merece una medida tan extrema, especialmente cuando las normas nacionales e internacionales señalan su excepcionalidad y cuando han habido muestras claras de buena voluntad y disposición a colaborar.

Juan Alberto voluntariamente se presentó a la CICIG, al saber que era investigado. Al retornar de Chile en 2014 decidió colaborar con la justicia presentando información sobre el caso Transurbano.

Entre 2015 y 2017 visitó tres veces la Fiscalía contra la Corrupción que tenía el caso y declaró formalmente. Entregó un cartapacio pleno de documentos, incluyendo mensajes electrónicos, los mismos que después se incluyeron en el expediente. En 2016, participó en una reunión informal con funcionarios de la CICIG para discutir el tema. Cuando el caso fue trasladado a la FECI volvió a declarar y entregó copia de la documentación. En abril de 2017, volvió a suministrar información que recopiló como parte de una investigación propia que él realizó.

Molesta y duele la incertidumbre. Y asusta que la vida y el futuro de la persona que más amas, esté en manos de funcionarios, a quienes talvez no les importe llegar al fondo de la verdad. Quisiera pensar que aquí se puede confiar en la justicia, pero sería muy ilusa.

Urge una verdadera élite de profesionales en el Organismo Judicial, jueces que defiendan con los dientes la democracia y los derechos de las y los ciudadanos. Jueces valientes y honestos, libres de presiones o amenazas, que resuelvan apegados a derecho y que les importe más la verdad y la justicia y no el aplauso del público.

¿Es eso posible? No lo creo francamente y eso es lo que asusta, y mucho.

24 meses, una verdadera pesadilla, mucho dolor, mucho. Que terrible que en unos minutos se traigan abajo la trayectoria y la reputación de una persona que pudiendo optar a otras posiciones en el extranjero, decidió poner al servicio del país su talento, su conocimiento y su experiencia.

Esos “indicios” que presentaron el 13 de febrero de 2018 en una conferencia de prensa, se convirtieron en verdades irrefutables, y se construyó en base a ellos un relato de culpabilidad, que vino como anillo al dedo a quienes detestan a Juan Alberto y no lo toleran por su ideas, por su postura ideológica, o simplemente por ser quien es.

A mi francamente me cuesta creer que detrás de este caso no hubo una motivación política, además de ignorancia.

Lo más terrible fue que quienes esperábamos que salieran en defensa de la verdad y de la justicia y levantaran su voz frente a la infamia, no hicieron absolutamente nada, guardaron silencio, por miedo, por oportunismo, por pura cobardía, quién sabe. En todo caso, le dieron la espalda. Y para rematar proclamaron como su candidata, justamente a la persona que lo había acusado injustamente. El hambre de poder envilece a la gente y saca lo peor de ella.

Quedaron los que importan, la familia mía y suya y los amigos/as, esos que han estado y siguen estando cerca, quienes nos abrigan con su cariño, su respeto y su lealtad. A ellos y ellas les doy infinitas gracias.

“Como su amigo, puedo confirmar que Juan Alberto nunca buscó avanzar su carrera o beneficiarse personalmente de los puestos que ocupó ni a través de los proyectos o fondos que manejó. Las múltiples muestras de solidaridad de sus colaboradores hoy evidencian su aprecio generalizado. Al contrario, su libro Rendición de cuentas, que inéditamente transparentó delicados problemas de la gestión pública del Gobierno, le acarreó costos personales e interminables problemas con poderosas figuras políticas en Guatemala. Sus amigos reconocemos en Juan Alberto gran persistencia y tenacidad para enfrentar los más difíciles problemas. El asesinato y legado de su padre lo animaron a trabajar por el desarrollo y democratización de Guatemala y a convertirse en servidor público. Al regresar a Guatemala, como funcionario de la ONU, Juan Alberto dirigió la articulación de un tortuoso pacto fiscal y la elaboración de seis informes de desarrollo humano para Guatemala. Sus capacidades profesionales y personales lo convirtieron en un referente entre una generación de funcionarios, académicos y ciudadanos interesados en la construcción de la paz en el país”. Columna de Hugo Beteta

“…quienes conocemos a personas de la talla de Juan Alberto Fuentes y otras personas como Ana de Molina y Luis Ferraté estamos seguros que tendrán la posibilidad de demostrar su inocencia. No obstante lo vergonzoso, molesto y humillante que pueda resultar ser detenido provisionalmente y estar expuesto ante la opinión pública por la presunta comisión de hechos o de alguna falta que sin propósito directo se haya realizado, va mi solidaridad a Juan Alberto Fuentes en un momento complejo de su vida y que esperamos logre solventar de tal manera que su nombre recupere el valor que durante años ha construido”. Reconocimiento en momentos difíciles. Por Bienvenido Argueta

Sheny Mijangos dijo en su momento, en una columna de La Hora:

Profesionales y ciudadanos comprometidos como Ana y Juan Alberto, es lo que necesita Guatemala para salir adelante, espero que dentro de pocos días recobren su libertad, con lo que no se está vulnerando de ninguna forma el debido proceso y se les dará la oportunidad como ciudadanos probos que son, de defenderse adecuadamente; a pesar de que el daño ya está hecho, pues quienes no los conocen, probablemente ya los han condenado y señalado de corruptos”. Any y Juan Alberto: capacidad-excelencia-honestidad

Gert Rosenthal no dudó ni un minuto en enviar la carta de recomendación que se entregó en el juzgado:

“En mis treinta años de vínculos profesionales y personales con Juan Alberto, me consta su probidad a toda prueba, su mística de trabajo a favor de Guatemala y sj pasión por hacer algo positivo para el desarrollo del país”

Durante 15 años que tengo de conocerlo, me di cuenta que es uno de los profesionales más capaces pero al mismo tiempo es sumamente mesurado, siempre lo vi buscando acercamientos con diferentes sectores nacionales y evitando asumir posiciones extremas, me sorprendía que expresaba una profunda fe en las personas y evitaba dudar, incluso de quienes eran verdaderos lobos, creía en las alianzas y en la construcción de procesos pero sobre todo expresaba respeto por las instituciones y creía en que era posible transformarlas”. Irmalicia Velásquez

Para Juan Alberto Fuentes / Columna de Irmalicia Velásquez

Lo único cierto para mi en este momento es que nos amamos y juntos somos la mayor riqueza que jamás se reunió sobre la tierra.

Publicado por Mi voz

Con la frente en alto y la dignidad intacta

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