Ocho meses después

Ocho meses de doloroso aprendizaje. La vida y las personas no dejan de sorprenderme. Los amigos siguen ahí, no nos abandonaron. Creen en Juan Alberto, conocen su trayectoria personal y profesional, saben de su honorabilidad, lo respetan y sobre todo le tienen cariño. Como nosotros, confían que todo se va a aclarar. La familia por supuesto ha estado acompañándonos en todo este proceso y eso ha sido fundamental.

Quienes nos dieron la espalda -por puro oportunismo político- fueron esas y esos que decían ser amigos pero que en realidad no lo eran, nunca lo fueron.  Sufrí mucho, dolió el golpe, lastimó ver tan poca solidaridad y empatía, especialmente porque venía justamente de la organización que Juan Alberto y yo ayudamos a fundar. Pero que se le va a hacer. Es gente mezquina y chiquita que afortunadamente ya están fuera de nuestras vidas.

Tenemos los seres humanos una enorme capacidad de resiliencia que nos ayuda a superar lo inimaginable. Recuerdo cuando hace ya varios años viajé por Centroamérica para producir un documental sobre el niño y la guerra. Me encontré con niños y niñas que habían visto morir a sus padres, que habían sido testigos de la brutalidad y la barbarie, muchos mutilados por las minas, absolutamente solos, sin presente y sin futuro. Pero el padre Martín Baró de la UCA me dijo en una entrevista “los niños tienen una enorme capacidad de superar las peores y más traumáticas situaciones, solo necesitan cariño, apoyo y acompañamiento”.  Cuanta gente -jóvenes voluntarios, familiares, médicos, enfermeras, mujeres- que le tendió la mano a estos niños. Impresionante.

A nadie le importa la verdad.

Unos y otros usan el caso del Transurbano/Sistema Prepago para ilustrar su tesis. Justicia selectiva dicen unos. Aseguran que Juan Alberto está fuera “disfrutando de libertad” porque hubo un trato preferencial, a pesar de que se trata de un “robo” millonario de 270 millones de quetzales. Otros afirman que no es así y dicen que prueba de que no hay justicia selectiva  es que fueron capturados y llevados a la justicia,  sin importar si son de derecha o izquierda.

En la audiencia de primera declaración el propio fiscal Juan Francisco Sandoval dijo Debe quedar claro que en las imputaciones realizadas por la fiscalía, en ningún momento se ha hablado de que la actuación se dio debido a que obtuvieron algún beneficio económico ilícito…”. En otro palabras, no hubo apropiación de los recursos del Estado, no hubo robo.

Se le otorgó la medida sustitutiva no porque fuera una concesión sino porque cumplía con todos los requisitos que la ley exige: durante más de un año notificó a la FECI todos sus viajes, incluidas las agendas y los itinerarios; declaró en dos oportunidades en la fiscalía contra la corrupción primero y en la FECI luego; también lo hizo en CICIG. Su trayectoria impecable evidenciaba que no había peligro de obstaculización de la investigación ni peligro de fuga.

Sin duda es lamentable lo que estamos viviendo pero no podemos más que confiar que privará la verdad. Fácil es decirlo…difícil creer que las cosas se hagan bien en este país y que la justicia sea en verdad independiente.

La razón de que la independencia judicial tenga tanta importancia pública se debe a que una sociedad libre solo existe en la medida en que está regida por el principio de la legalidad… el principio que obliga a gobernantes y gobernados, administrados imparcialmente, y que concede un trato igualitario a todos quienes procuran reparaciones o contra quienes tales reparaciones se procuran. Por muy vagamente que se la perciba y por muy confuso que sea el pensamiento, en los corazones de todos los hombres y mujeres existe una aspiración de legalidad. El cumplimiento de esta aspiración depende de que los jueces apliquen la ley de manera competente e imparcial. Con el fin de cumplir esta responsabilidad, es fundamental que los jueces sean independientes y se les vea como tales. Nos hemos acostumbrado a la noción de que la independencia judicial incluye la independencia respecto de los dictados del poder ejecutivo… Pero las decisiones modernas son tan variadas e importantes que debe propiciarse la independencia respecto de toda influencia que pueda tender, o que razonablemente pueda pensarse que tienda, a una falta de imparcialidad en la adopción de decisiones. La independencia respecto del poder ejecutivo es básica para este concepto, pero ha dejado de ser la única independencia que importa. (Sir Gerard Brennan, Chief Justice of Australia, “Judicial Independence”, The Australian Judicial Conference, Canberra, 2 de noviembre de 1996, disponible en http://www.hcourt.gov.au.)

Uno se muerde los labios cuando lee y escucha comentarios maliciosos que solo buscan hacer daño. Y frente a esas voces uno solo piensa que ojalá se pueda confiar en la independencia de los tribunales, en la integridad de los jueces y en la imparcialidad y eficiencia de sus procedimientos. Porque un juez debe actuar sin tener en cuenta el aplauso o la crítica del público.

 

 

Publicado por Mi voz

Con la frente en alto y la dignidad intacta

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