Presentación de cargos

Apenas comenzaba el día. ¡Cómo olvidar ese martes 13!
Eran quizás las 7:30 cuando llamé a Rodrigo, el hijo menor de Juan Alberto. Las cosas que tiene la vida. Años de no cruzar palabra y ahora era inevitable. Tan difícil para mí fue darle la noticia como para él recibirla. Imagino la angustia y la impotencia estando tan lejos. Alberto se enteró un poco más tarde de lo ocurrido al igual que Ana Lucía.
Preparé una mudada y algunas cosas de uso personal y las coloqué en una pequeña maleta. Me hijo Paolo me llevó a la Torre de Tribunales. Allí me encontré más tarde con el abogado. No me dejaron entrar la maleta así que él me hizo el favor de guardarla en su carro.
Subimos los dos al tercer nivel, al juzgado undécimo y allí me encontré unos minutos después a Ana de Molina y a su familia. Me impresionó mucho verla esposada. Toda una dama como siempre, guardando la compostura, tratando de mantenerse firme y muy serena. Llegó Juan Alberto con el custodia a su cargo. Nos dimos un beso y un abrazo. Él indudablemente estaba muy golpeado. ¿Cómo no estarlo? En cuestión de minutos su reputación, ganada a fuerza de esfuerzo y trabajo duro, estaba en entredicho.

“,,,quienes conocemos a personas de la talla de Juan Alberto Fuentes y otras personas como Ana de Molina y Luis Ferraté estamos seguros que tendrán la posibilidad de demostrar su inocencia. No obstante lo vergonzoso, molesto y humillante que pueda resultar ser detenido provisionalmente y estar expuesto ante la opinión pública por la presunta comisión de hechos o de alguna falta que sin propósito directo se haya realizado, va mi solidaridad a Juan Alberto Fuentes en un momento complejo de su vida y que esperamos logre solventar de tal manera que su nombre recupere el valor que durante años ha construido”. Bienvenido Argueta

Llevaba las esposas atrás y eso le molestaba mucho. Afortunadamente logramos que se las pusieran con los brazos delante, es menos incómodo y menos doloroso. Allí estaban los dos amigos, sentados uno al lado del otro, compartiendo ahora este terrible y doloroso episodio.
Subimos al piso 14, a la sala donde sería la audiencia en la que el Ministerio Público y la CICIG presentaría los cargos.  Los representantes de ambas instituciones no estaban allí aún, así que el Juez decidió iniciar con la presentación de cada uno de los imputados. A cada uno preguntó su nombre y apellido, estado civil, edad, ocupación, promedio de ingresos, entre otras cosas. Agradezco que mi amiga Ligia estaba conmigo ese día. Había mucha prensa, nacional e internacional, todos buscando el mejor ángulo. ¿La verdad? eso no lo sé. Soy periodista y debo reconocer que a veces lo que menos importa a los medios es la verdad, lo único que parece importar es que la noticia venda y mientras más escandalosa más vende.
¡Todo un gabinete y el ex Presidente Colom! ¿Era necesario necesario esto? ¿Por qué el espectáculo? ¿Con qué objeto? Estoy segura que todos hubieran acudido si los hubieran citado a declarar. Juan Alberto lo había hecho hacía más de un año, voluntariamente, sin que nadie se lo solicitara y entregó toda la información con que contaba, mostrando así su buena disposición a colaborar con la investigación que él sabía estaba en marcha. Nada de eso sirvió. Allí estaba, esposado, rodeado de hombres de negro fuertemente armados.
El juez informó que la audiencia de primera declaración sería el viernes 23 de febrero, 10 días después, y que mientras tanto deberían permanecer en la cárcel Mariscal Zavala. El abogado me dijo que más tarde él le llevaría la pequeña maleta que yo había preparado y que hablaría con él, que no me preocupara, que me fuera a casa a descansar. A partir de ese día todo cambió.
¿Descansar? todavía faltaba la conferencia de prensa anunciada por el MP y CICIG. Mientras él y los demás miembros del gabinete permanecían esposados en la carceleta ubicada en el sótano de Torre de Tribunales, daba inicio la conferencia de prensa. Lo que escuché fue infame. En cosa de minutos destruyeron su reputación, su trayectoria y no les importó. No fue solo una puesta al día de lo acontecido ese día y de las razones que los habían llevado a ordenar el arresto, fue un juicio y una condena pública. Y con esas “evidencias contundentes” no solo lo condenaron ellos sino también el público.
Duele Guatemala, duele mucho, duele tanto. En el 79 asesinaron a su padre, a Alberto Fuentes Mohr, y casi 40 años después intentan hacer lo mismo con su hijo.

Publicado por Mi voz

Con la frente en alto y la dignidad intacta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: