Comienzo el 2020 aligerando la carga

Dicen que el último día del año es propicio para cerrar ciclos, poner puntos finales y decir adiós a los que haya que decírselo. Y yo le dijo adiós a Movimiento Semilla. Como dice Neruda “hay heridas que en vez de abrirnos la piel nos abren los ojos”.

Tenía la carta hecha desde agosto pero lo postergué, pensando que quizás valía la pena, pero obviamente me equivoqué. Comparto buena parte de mi carta de renuncia, enviada el mismo 31 de diciembre de 2019.

No fue una decisión sencilla pero al final los casi dos años de silencio ayudaron a tomarla. Siempre me sentí muy identificada con los ideales y anhelos que tuvieron Juan Alberto Fuentes Knight y Edelberto Torres-Rivas en aquellas primeras reuniones del año 2014, poco tiempo después del retorno de Juan Alberto y mío a Guatemala. Esos ideales y ese eterno optimismo que siempre tuvieron, los animaron a convocar varios profesionales, conocidos suyos, para que se sumaran a un grupo de reflexión (está fue la primera semilla de Semilla).

Nunca imaginé lo que ocurriría muy poco después de ese 13 de febrero de 2018, cuando allanaron nuestra casa y se llevaron esposado a Juan Alberto. Cierto es que juntos, Anabella Giracca, Álvaro Castellanos, Samuel Pérez Álvarez, el propio Juan Alberto y yo, habíamos trabajado en lo que sería ese primer comunicado que se compartiría en caso ocurriera lo que temíamos. No alcanzamos nunca a discutir ni a esbozar una estrategia de seguimiento, solo llegamos a hablar de la necesidad de separar la comunicación de Semilla de la de la familia de Juan Alberto, y procurar minimizar el daño que podría sufrir el Movimiento y también Juan Alberto. 

Lo que nunca vi venir fue cómo al final varias de esas personas que integraron lo que se dio en llamar “grupo fundador” terminaron por darle la espalda a Juan Alberto y a mí también. Todo ocurrió muy rápido, no hubo tiempo de reflexionar y de evaluar nada. Vinieron sí las recriminaciones y los señalamientos infundados. Se instaló la desconfianza y con ella vinieron mentiras y engaños.   Lo cierto es que había un conflicto de interés enorme, no mío ni de Juan Alberto, sino de Semilla. La persona que había señalado públicamente a Juan Alberto de corrupto, fue precisamente a quien Semilla terminó proclamando como su candidata presidencial. No les importó que se estuviera cometiendo la peor de las infamias contra uno de los suyos. Después de meses de estudiar el caso y el expediente no nos cabe la menor duda que éste fue un caso político, que respondía más al paracuandismo del momento y quizás a otros intereses.  Pero bastaron estos indicios y el miedo, para terminaran poniendo entre él y Semilla la mayor distancia posible, en público y en privado. No creyeron en su inocencia y por supuesto nunca la defendieron- El mismo fiscal Juan Francisco Sandoval dijo en la audiencia de primera declaración “En las imputaciones realizadas por la fiscalía, en ningún momento se ha hablado de que la actuación se dio debido a que obtuvieron algún beneficio económico ilícito“.

Tristemente Semilla no tuvo el valor de defender su inocencia, porque nunca creyeron en ella. Resultó más fácil deshacerse del problema, ver hacia otro lado.  Lo dejaron solo. Permitieron que con “indicios”, presentados como verdades irrefutables, se construyera un relato de culpabilidad. Se olvidaron que una persona ligada a proceso penal es inocente hasta que la parte acusatoria demuestre su culpabilidad en un juicio y una sentencia definitiva, cosa que no ha ocurrido.  Han transcurrido 22 meses y ni siquiera se ha llegado a la etapa intermedia. Pero él ya fue condenado, incluso por Semilla. Su sentencia fue el ostracismo, el abandono, el olvido. Mejor ni mencionar su nombre, cuidado y los vinculan con él. No conviene siendo un partido que abandera la honestidad y la lucha contra la corrupción. 

Esa publicidad -aupada por la propia pluma de Martín Rodríguez Pellecer- que hubo el primer día y que comenzó con la conferencia de prensa en la que la parte acusadora presentó los “indicios” que justificaban tal despliegue fuerza para la aprehensión, trajo duras e incontables consecuencias para él, para mí y para la familia, además de las políticas, están las reputacionales, financieras, laborales, cívicas, sociales. 

Alguien de esa dirigencia dijo alguna vez  que “Juan Alberto es un cadáver político”. Entonces por qué apostar por él, por qué dedicar energías en él.  Y eso terminaron haciendo, lo descartaron como si se tratara de un paria, de alguien que no merece la menor consideración.  Algunos, para justificar su falta de solidaridad y su deslealtad, fabricaron razones absurdas, falsas, que se caen por su propio peso y que solo demuestran mezquindad y pequeñez. 

Se lo dije a una de las señoras de la dirigencia de Semilla. Creo que cuando uno está en la lona es cuando más necesitas a los amigos, a los compañeros de batalla. Que si era cierto que yo la había ofendido de alguna manera, como ella aseguraba, -yo no tenía cabeza en ese momento para percatarme de tales sutilezas- cuando la amistad es sólida y genuina, cuando hay buena voluntad y buena fe, las cosas tienen arreglo, todas. Pero lo que pasó fue lo contrario. Y es que en el fondo el interés de ella era voltear la página, allanar el camino y justificar la traición, no la suya únicamente sino la de Semilla. Ya nosotros no le éramos útiles. Al contrario, podíamos traerle problemas y dificultades en un momento crucial, cuando se iniciaba una relación cercana con la potencial candidata presidencial.  Se que intentarán descalificarme, dirán que estoy resentida, que hablo desde el dolor (que es cierto obviamente, pero eso no invalida mis argumentos), harán comentarios machistas -algunos- y se convencerán que esto es un asunto personal, para minimizarlo, pero en realidad no lo es y lo saben, es estrictamente institucional.  

Ninguna solidaridad para uno de los pioneros y fundadores. Ninguna solidaridad para el amigo y el hombre íntegro y decente que es. Ninguna sororidad para una de las mujeres de Semilla, ninguna. Solo silencios, largos silencios. Ojalá lo hubieran defendido la mitad de lo que defendieron a capa y espada a su candidata, sin conocerla siquiera, más por oportunismo político diría yo y también por cobardía, pensando siempre en el aplauso del público. El proyecto del que se habló, de largo plazo, de ir acumulando espacios de poder, primero en el Congreso y algunas alcaldías, y luego apostarle al Ejecutivo, se trastocó. Nunca se consideró la posibilidad, ni una sola vez en serio, de correr con un binomio propio. Privó esa visión mesiánica de que ella y solo ella era la opción posible si se quería tener éxito. 

Cero confianza en que el Movimiento era capaz de alcanzar al menos una curul en el Congreso. Se cayó en lo que tanto se dijo desde siempre que no iba a aceptarse: el cacicazgo, el caudillismo. Todo giró al final alrededor de una cacique. 

Hasta la incipiente campaña, la inicial, fue definida por ella y su equipo. La marca que se comenzó a posicionar era la de la candidata no la del partido. La burda copia de la campaña de Bukele lo demuestra. Hasta los colores (pantones oficiales) fueron alterados con tal de complacer a la candidata. Y aunque el partido tenía el poder de imponerse dado que ella necesitaba el vehículo para correr y era Semilla la organización que le ofrecía ese instrumento, lo que se observó fue incapacidad en negociar términos ventajosos para Semilla en esa alianza.  

¿Democracia interna? No hubo. Ni tan siquiera un intento genuino de tener unas primarias. La apuesta fue una sola. Y en lo que respecta al Comité Ejecutivo Nacional todo el proceso fue manoseado desde el principio. El objetivo era asegurarse el poder en ese CEN, a cualquier precio. De nada sirvió el esfuerzo de la Comisión Nacional Electoral en diseñar unas reglas, plazos y procedimientos, para elegir entre las planillas participantes, aquella que luego de una competencia abierta y transparente, alcanzara la mayoría de votos. Al final desbarataron las planillas e impusieron la famosa planilla “consensuada”.  Seguro encontrarán cómo explicar todo lo ocurrido y con seguridad serán otros los responsables, como siempre, porque capacidad autocrítca no la hay.   

En ese momento no tuvieron ningún reparo en aliarse a los autodenominados “thelmistas”, a esos a los que ustedes llevaron a Semilla y a quienes hoy, algunos llaman impresentables.

Ahora es fácil desacreditar a todos y decir que son los otros los oportunistas y los que actúan de mala fe, los que no siguen las reglas y no respetan la institucionalidad.  

Terminé hondamente decepcionada. No dudo que hay liderazgos valiosos y honestos en Semilla –a quienes valoro y respeto mucho- pero lamentablemente no confío en que la dirigencia actual, quienes ejercen verdaderamente el poder, los dejen florecer y con ellos al partido. Será necesario dar una ardua batalla, con altura y dignidad. 

Ese fugaz paso y participación en política partidista me deja un sabor amargo y la claridad de que en política, sencillamente no existe la lealtad, ni a las personas ni a las ideas que se abanderan.  En este momento no creo que Semilla sea en esencia una opción genuinamente diferente a las demás. Decidí retirarme por esa razón, porque como dije alguna vez, no es suficiente llegar y alcanzar la victoria, es imprescindible hacerlo con dignidad, sin comprometer los principios y los valores. 

Ana Cristina Castañeda Sánchez 

 

Lo que no se dijo

 

En el caso Transurbano la misma fiscalía reconoció que ningún miembro del gabinete se benefició económicamente con recursos derivados de corrupción.

En palabras de Juan Francisco Sandoval, director de la FECI, “Debe de quedar claro que en las imputaciones realizadas por la fiscalía, en ningún momento se ha hablado de que la actuación se dio debido a que obtuvieron algún beneficio económico ilícito…” [Cita de Juan Francisco Sandoval durante la audiencia de primera declaración, 26/2/2018].

No era un nuevo proyecto de inversión, sino la continuación del subsidio al transporte. Se siguió el mismo procedimiento establecido durante los 30 años previos (aprobación vía acuerdo gubernativo del Organismo Ejecutivo). La figura del Acuerdo Gubernativo como mecanismo para entregar el subsidio a la AEAU ha sido ampliamente utilizada en gobiernos anteriores. Por ejemplo, sólo entre 2004 y 2007 se aprobaron 14 acuerdos gubernativos para entregar subsidios a la AEAU.

Hay una obvia confusión entre subsidio y proyecto de inversión pública, que implican normas y procedimientos financieros diferentes. En el caso de los subsidios, como es el que se aprobó para el sistema prepago, la normativa existente requiere 6 pasos muy claros que se siguieron al pie de la letra.

El Acuerdo Gubernativo 103-2009, como cualquier acuerdo de subsidio previo, indicaba que los desembolsos estaban sujetos al cumplimiento de requisitos específicos por parte de la AEAU. El primer desembolso (Q. 80 millones) estaba sujeto a la entrega del Plan Operativo. Ese Plan Operativo se entregó un mes antes del primer desembolso de Q.50 millones. Debido a las dificultades fiscales del momento, los restantes Q.30 millones se entregaron en enero de 2010.

Los siguientes desembolsos estaban sujetos al cumplimiento del Plan Operativo, con el requisito de la publicación en GUATECOMPRAS, y con la responsabilidad de la Contraloría General de Cuentas de velar por su cumplimiento.

El Acuerdo Gubernativo 103-2009, de conformidad con las normas del presupuesto de 2009 (continuó vigente en 2010, pues el proyecto de presupuesto del 2010 no fue aprobado por el Congreso), incluye explícitamente el requisito del uso de Guatecompras. Esas normas también indican que “La Contraloría General de Cuentas velará por el cumplimiento de esta disposición e interpondrá las sanciones que correspondan.”

La responsabilidad de la Contraloría General de Cuentas también había quedado establecida en los Acuerdos Gubernativos previos relativos al subsidio, pues se indicaba que “Es responsabilidad de la Asociación de Empresas de Autobuses Urbanos la correcta utilización de los recursos, mismos que deberán ser fiscalizados por la Contraloría General de Cuentas.”

WhatsApp Image 2018-11-12 at 12.56.18Mediante un comunicado del MINFIN y notas de prensa, Juan Alberto denunció la existencia de anomalías en relación al cumplimiento del convenio. Solicitó públicamente a la AEAU que cumpliera con los requisitos de Guatecompras y anunció que no se firmaría otro Convenio con al AEAU mientras no se cumpliera con el Plan Operativo (no se firmó otro convenio durante su gestión como Ministro). Informó  públicamente que no se reanudarían los desembolsos para el sistema prepago mientras no existiese evidencia clara del cumplimiento de lo convenido (no hubo más desembolsos durante su gestión como Ministro).

Pero lo que quedó en el imaginario es que son culpables.

Reinventarse

49116955_10156603189173859_3993870297341100032_oLo hermoso de la vida es que siempre te da la oportunidad de reinventarte. No importan los años, no importa lo vivido…siempre es un buen momento para comenzar de nuevo, para reinventarse. Y justo eso es lo que pienso hacer en 2019.

Si algo me enseñó el 2018 es que son las pequeñas cosas, justo esas que uno desatiende y pasa desapercibidas, las que alimentan el alma y dan vida al espíritu y lo engrandecen.

También me enseñó que depende de uno y solo de uno que los demás no te hagan daño. Si lo permites, seguro lo harán.

Volveré a escribir, a los libros, al estudio…intentaré ser más disciplinada con el ejercicio y las comidas, cuidaré de mi porque debo estar entera y sana para enfrentar lo que venga.

Volveré a casa, al calor de la familia, a los abrazos y el cariño de los verdaderos amigos y amigas, a las risas de mis hijos.

 

 

 

No necesitamos tecomates para nadar

El domingo 13 de enero terminó el mandato del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) Provisional de Movimiento Semilla, del cual yo fui parte durante casi dos años.  Es ahora el CEN electo en la Asamblea de Constitución, el que tiene la tarea de conducir al partido en los próximos tres años.

Estas son algunas de reflexiones finales, que compartí antes de retirarme, porque creo que la memoria hay que rescatarla para aprender de los errores y asegurar una transformación real.

Desde que se acordó por una mayoría del CEN Provisional avanzar con las conversaciones o negociaciones con Thelma Aldana y su equipo, las decisiones o falta de ellas, descansaron siempre o estuvieron sujetas a los criterios fluctuantes y planteamientos de la señora Aldana y se olvidaron los ideales propios. Una minoría en ese CEN (tres o cuatro personas, incluyéndome) siempre estuvo insistiendo en el plan B: identificar un binomio propio y no abandonar la idea original de ir progresivamente acumulando poder, enfocándonos sobre todo en el Congreso, no en el Ejecutivo.

Un grupo articulador se conformó y se invirtieron varios meses -entre mayo y diciembre de 2018- en conversaciones que no dieron fruto alguno. El 19 de diciembre, en una reunión con Secretarios Departamentales y Municipales ella anunciaba, en presencia de todo su equipo, que iba como candidata de Encuentro por Guatemala, que Semilla era el partido del futuro. Frente a la noticia, catorce de veinte secretarios votaron entonces a favor de avanzar con un binomio propio.

En esos preciados meses Semilla se estancó, perdió el horizonte, y tiempo valioso que pudo haber empleado en la identificación de sus propios liderazgos, en la formación de sus cuadros, en la elaboración de una agenda legislativa seria, en la puesta en común y discusión de su agenda programática, en el diseño de una estrategia sólida para su participación con binomio propio y con candidaturas para el legislativo y para corporaciones municipales (como modelos).

“Los principios y los valores nos hacen fuertes y marcan la diferencia. En lenguaje cotidiano no todo puede adscribirse a lógica del poder, ni medir por éxitos electorales”. Marcos Roitman, Profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

El  reconocimiento y valoración de Semilla en la opinión pública es fruto del enorme esfuerzo, trabajo y liderazgo de cientos de semillas, que vimos siempre en Semilla un movimiento de las ideas, semillero de líderes honestos y capaces, con pensamiento propio, con principios que responden a su visión ideológica y con la idea de conciliar la política con la ética (código y decálogo ético).

Fue una dura y ardua lucha no solo por alcanzar el número de adhesiones para cumplir con uno de los requisitos más difíciles para convertirnos en partido político, sino también para asegurar que todas nuestras voces fueran escuchadas, que no hubiera imposiciones, que se compartiera la información, y se comunicara lo que se acordaba hacer y se conviniera con otros.

Todo esto buscaba asegurar que principios como los de democracia interna y la transparencia no fueran solo enunciados sino algo que compartimos y ponemos en práctica en nuestro ejercicio diario de hacer política en el buen sentido.

No sembramos una semilla en un sentido retórico y abstracto. Nuestro decálogo ético no son palabras muertas, hay un compromiso de darles vida. Con nuestro proceder diario estamos sembrando semillas de democracia interna y asegurando que cada uno de esos principios éticos se cumplan.

Decálogo Ético de Movimiento Semilla

Al trabajar de esta manera queríamos demostrar fuerza y grandeza, la fuerza de lograr cosas juntos, de lograr convergencias, evitando que nos contaminen los rumores, las descalificaciones. Semilla no es solo un partido de futuro, es un partido de presente. Con un estilo de trabajo diferente, de debate, de discusión, de crítica, queríamos demostrar que tenemos fuerza, que podemos hacer cosas y hacerlas bien.

Tenemos una marca ampliamente conocida, una reputación, una manera particular de ser percibidos. Tenemos nuestros propios líderes… locales, regionales, nacionales. Así que como dice el refrán “no necesitamos tecomates para nadar”.

Hoy tristemente no me siento representada por su liderazgo. No comparto sus prácticas antidemocráticas y autoritarias y resiento su incapacidad de manejar las diferencias y escuchar todas las voces. Lamenté siempre y sigo lamentando que ese liderazgo se inclinara y mostrara preferencia por esas voces incondicionales antes que por las críticas.

Reconozco que en el camino conocí gente muy valiosa, esa que lucha de verdad por defender ideales, principios y convicciones profundas, a la que respeto mucho. Rescato la decencia y la dignidad de tanta gente buena que está en Semilla, luchando por ofrecer a este dolido país una verdadera opción, que le asegure a su gente (a esas mayorías marginadas) democracia, una vida digna, justicia y equidad.

En el buen sentido de la palabra, bueno

Mi padre era un hombre excepcionalmente inteligente. Su vida no fue sencilla. Nació y creció en el seno de una familia pobre pero con un sentido enorme de la dignidad, que a nosotros, sus hijos, siempre nos lo inculcó.

Trabajó desde muy joven e inició su vida universitaria un tanto tarde. Tenía 29 años cuando se inscribió en la Facultad de Agronomía, de la que años después terminó siendo el Decano. Dedicó muchos años de su vida a la docencia universitaria y a la investigación, en la Universidad y también trabajando para UNESCO en República Dominicana y para el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA) y el cono Sur (Bolivia, Ecuador y Perú).  Viví con él algunos años en Bolivia. Allá comencé a estudiar Comunicación y allá hice grandes y buenos amigos, a los que recuerdo con mucho afecto.

Él, mis tíos, los primos de ellos, todos se hicieron profesionales: economistas, ingenieros, médicos. Muy inteligentes sin duda, con un agudo sentido del humor, irreverentes, irónicos, siempre críticos y cuestionadores.

Mi padre era un lector empedernido. Siempre fue un placer conversar con él. Nunca dejó de sorprenderme. No tenía maestrías y doctorados pero ser autodidacta y leer como lo hacía le permitió profundizar en mucho temas, los propios de su carrera pero también en otros (política, economía, ciencias sociales, filosofía, literatura…)  Y a pesar de su vasto conocimiento y sabiduría siempre fue un hombre sencillo, en el buen sentido de la palabra, bueno.  Fue muy irónico siempre, eso sí, pero nunca tuvo ese sentimiento de superioridad que algunos tienen frente a los demás, ese que provoca un trato distante o despreciativo.

Esa soberbia la conocí después, en otros espacios y con otras personas.